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La lúdica
como experiencia cultural es una dimensión
transversal que atraviesa toda la vida,
no son prácticas, no son actividades, no es una
ciencia, ni una disciplina, ni mucho menos una
nueva moda, sino que es un proceso inherente al
desarrollo humano en toda su dimensionalidad
psíquica, social, cultural y biológica. Desde
esta perspectiva,
la lúdica está ligada a la cotidianidad, en
especial a la búsqueda del sentido de la vida y
a la creatividad humana.
Es necesario resaltar que los procesos lúdicos,
como experiencias culturales son una serie
de actitudes y de predisposiciones que
fundamentan toda la
corporalidad humana. Podríamos afirmar que son
procesos mentales, biológicos, espirituales, que
actúan como transversales fundamentales en el
desarrollo humano. Por otra parte, estos
procesos son productores de múltiples cascadas
de moléculas de la emoción, que invaden toda
nuestra corporalidad, produciendo una serie de
afectaciones cuando interactuamos
espontáneamente con el otro, en cualquier tipo
de actividad cotidiana que implique actividades
simbólicas e imaginarias como el juego, la
chanza, el sentido del humor, la escritura, el
arte, el descanso, la estética, el baile, el
amor, el afecto, las ensoñaciones, la
palabrería. Inclusive, todos aquellos actos
cotidianos como “mirar vitrinas”, “pararse en
las esquinas”, “sentarse en una banca”, son
también lúdicos. Es necesario aclarar al
respecto que lo que tienen en común estas
prácticas culturales, es que en la mayoría de
los casos, actúan sin más recompensa que la
gratitud y la felicidad que producen dichos
eventos. Es en este sentido que la mayoría de
los juegos son lúdicos, pero la lúdica no solo
se reduce al juego.
Las experiencias culturales ligadas a la lúdica,
a nivel biológico, son las que producen mayor
secreción a nivel cerebral, de sustancias
endógenas como las endorfinas, la dopamina, la
serotonina. Estas moléculas
mensajeras según las neurociencias, se encuentran
estrechamente asociadas con el placer, el goce,
la felicidad, la euforia, la creatividad, que
son procesos fundamentales en la búsqueda del
sentido de la vida por parte del ser humano.
Desde estos puntos de vista se hace necesario
ampliar los territorios cognitivos de los
sujetos a través de la lúdica para que como
mínimo exista una transformación de las miradas
y podamos comprender el mundo de una forma
natural y placentera.
Por otra parte
para
que exista el juego en el niño, tiene que haber
interacción y manipulación del entorno físico.
De esta forma el juego surge como fruto de
nuestra acción o de nuestra actividad cognitiva.
En este sentido, el cerebro del niño y toda su
corporalidad está continuamente en procesos de
automodificación de su actividad celular, y no
de hacer representaciones del mundo externo como
muchos autores lo plantean. Recordemos,
que cada segundo existen más de cien mil
millones de reacciones químicas que transforman
todos nuestros tejidos y en especial
nuestras neuronas, originando plasticidad
cerebral. Desde estas perspectivas, es a
través del juego que yo establezco vínculos con
otros, por medio del cuidado físico, las
afectaciones, el amor, que se producen en el
juego social. Lo anterior es determinante no
solo para los procesos cerebrales sino que
inciden en la construcción y en la regulación
celular de procesos de expresión génica (Epigenéticos). De
esta forma, el juego no solo permite
modificaciones celulares, sino que el ser humano
también es transformado en su comportamiento por procesos
que ocurren en la dimensión lúdica,
especialmente asociados con el campo
emocional-afectivo que produce el juego.
Los invito a
través de los videos y del menú de mi WEB
a explorar todos los territorios de la lúdica,
la neuropedagogía, el juego y la recreación.
Dr. Carlos
Alberto Jiménez V. |